viernes, 21 de febrero de 2014

ESO ES VIVIR DE NIÑO

Me acuerdo que, cuando no existían los videojuegos, los niños jugábamos con otros niños.
Me acuerdo que jugábamos en la calle todo el día, a 7 pecados, a matagente, a las escondidas, a volar cometa, a bailar trompo, a saltar mundo, a kanga, al yo-yo, al taca-taca, a las estatuas, al cartero, a ritmo-diga-usté, a la pega inmóvil, a 1-2-3 chocolate stop, a que pase el rey… y todo nos lo regíamos al fumanchú, al zapatito roto o al yankempó.
Me acuerdo que mi abuela Zoila hervía las sábanas para blanquearlas: las metía en una palangana llena de agua, jabón Bolívar cortado en tajadas cual si fuera queso y varios muñequitos de azul –antiguas y misteriosas pastillas limpiadoras– que se fundían en esta sopa fantástica que permanecía borboteando en la cocina, perfumando la casa por horas y horas.
Me acuerdo de las multicolores revistas japonesas de Ultrasiete y Ultramán, había que ir a comprarlas hasta el jirón Paruro, tenían la carátula al final y se leían de atrás para adelante, aunque lo cierto es que no se leían nada porque estaban en japonés.
Me acuerdo que, en el terremoto de 1974, el auto Datsun de mi tío Lucho se salió solito del garaje, embistió contra la puerta, la abrió de par en par y acabó en el medio de la pista, no sin antes derribar la carretilla de un pobre platanero que pasaba por ahí.
Me acuerdo de los saqueos en las tiendas del centro de Lima durante la huelga policial de 1975, los disturbios, los gases lacrimógenos, las balaceras… que no hubiera policías cuidándonos en las calles, parecía el inicio del fin del mundo.
Me acuerdo de mis viejos patines graduables, con correítas y sin frenos que se adosaban a la suela del zapato mediante uñitas metálicas y que, en vez de ruedas, tenían unas ruidosas garruchas de fierro.
Me acuerdo que los programas concurso de Kiko Ledgard paralizaban a todo el país y que todos nos entristecimos cuando, durante una conferencia de prensa a su regreso triunfal de España, sufrió aquella aparatosa, terrible caída desde una baranda del Country a la que había trepado intentando hacer otra de sus acostumbradas piruetas para las cámaras.
Me acuerdo que, si por alguna emergencia, tenías que salir a la calle más allá de las 10 de la noche, después del toque de queda, debías manejar a 30 kilómetros por hora, dejar las luces interiores del auto encendidas y llevar una bandera blanca flameando en alguna de las ventanas…para evitar que las fuerzas del orden te acribillaran.
Me acuerdo de La Herradura con sus carpas a rayas, de la radio playera que no era otra cosa que un solitario locutor al que se le oía por los altoparlantes anunciando la hora Inca Kola, de esos helados que venían dentro de una pelotita de fútbol y de los marcianos D’onofrio que los creativos de la época habían bautizado como Chu-p-t para que la gente leyera “chupete” pero todo el mundo leía chup. Señor, ¿Me da un chup?
Me acuerdo de Tamakún, el árabe enturbantado y de punta en blanco que cada semana llegaba a los quioscos, desde México, con sus alucinantes aventuras en blanco y negro. “Donde el dolor desgarre. Donde la miseria oprima. Donde el peligro amenace… ¡Allí estará Tamakún, el vengador errante!”
Me acuerdo del Super Leche, del Chocomel, del chocolate Juguete de Motta, del Alí Babá relleno de marshmallow, de la canchita dulce de Laurel, del chicle Túmix, del 2 en 1 de plátano, del Sour de manzana verde, del chicle Bomba, del freshen-up con corazón líquido y del Mix Soda de corazón efervescente, del té Toro y del té Sabú, del Café Don Lucho, de la Thimolina Leonard, de la Maravilla Curativa, del jabón sulfuroso del Doctor Kaufmann, de las galletas Short Cake, de las Rancheritas, las Criollitas y las Loncheritas, y muy especialmente, del chocolate Golazo con arroz crocante que traía dentro figuritas coleccionables con los goles mundialistas de J.J. Muñante.
Me acuerdo de la Masacre del Sexto de 1984. El Loco Pilatos acuchillando la pierna de un rehén que intentaba escapar o prendiéndole fuego a otro con kerosene, y todo eso, transmitido durante horas y horas, horror en vivo y en directo y en cadena nacional.
Me acuerdo de los atroces zapatos Teddy de Diamante, de las loncheras Aladdin de hojalata que nos servían también como armas contundentes, de las zapatillas North Star, de los buzos Buzzolas, de los cuadernos doble raya, del paño lenci, del papel bulky, de las tijeras punta roma, del jean book y del borrador de papa.
Me acuerdo que, en todos los parabrisas de los carros, había que pegar esas redondas calcomanías de “Ahorro es Progreso”, cándido invento velasquista que pretendía racionar el consumo de gasolina. Lunes y miércoles no circular (roja) Martes y Jueves no circular (blanca) y sábado y domingo no circular (azul). Los grandes atolladeros eran los viernes porque todos circulaban.
Me acuerdo que íbamos a ver los partidos del Mundial Argentina 78 a la casa del único vecino de la cuadra que tenía un Sony Trinitrón, el primer TV a color. Cada familia llevaba algo para comer y después salíamos a hacer caravana en todos los carros –y hasta en taxis– con banderas y vinchas y matracas gritando ¡Perú, Perú! como locos por toda la avenida Arequipa cada vez que Perú ganaba. Deben creerme: Perú ganaba.
Me acuerdo de todos los dulces hechos en casa que vendía la vieja bodega de la esquina: el chumbeque, el camotillo, el cocoliche, el arrocillo, el chifón, la torta helada, el machacado de membrillo, el zanguito, la cocada, la leche vinagre, la leche asada…
Me acuerdo de la Tortuga D’Artagnan, de Leoncio El León y Tristón, de Astroboy, de La Hormiga Atómica, de Fabulmán y Dinamita, de Meteoro con su pantalón blanco bien al cuete, su pañuelito rojo al cuello y sus enormes pestañas rizadas y de “Los 3 Espaciales” y su entrañable canción: Tres seres del espacio/llegaron a cumplir una misión/tomaron la forma de un caballo/un conejito/y un patito.
Me acuerdo de mi papá dormitando ovillado en el sillón, de madrugada, mientras en la radiola resonaba la atronadora voz de don Juan Ramírez Lazo: “¡Nos preocupa!” en Radio Cora o ese tic-tac exasperante –de bomba de tiempo– que caracterizaba a Radio Reloj, estresante estación que te daba la hora, minuto a minuto: Las tres y cinco, las tres y seis, las tres y siete… como queriendo machacarte, en el cerebro, la cadencia inexorable de la vida.


martes, 1 de octubre de 2013

OTRA VEZ SUEÑO…

Sueño mucho. Sueño todo el tiempo que duermo. Y duermo mucho. Sueño que soy muy joven, que camino junto a muchachas bellas junto a las que nunca caminé; sueño con amores que nunca tuve, con bellas actrices de Holliwood, se llevan a cabo en mi adolescencia: lo sueño y lo siento, en esta primera vejentud que me acucia y gozo. Sueño con rompecabezas eróticos que nunca viví y con otras apetencias que tuve pero que nunca pude realizar. Uno de esos sueños míos, de mi juventud y de esta primera vejentud, es que soy -por fin- un hombre profesional de las comunicaciones.
Deben saber que, en verdad, durante los años de mi juventud, llegué a escribir en algunas publicaciones de la Gran Unidad Escolar en donde estudiaba la secundaria, que servía para conocer un poco lo que se hacía ahí. De esa época vienen mis actuales sueños adolescentes. De esos sueños vino la escritura de mi “libro”, que será publicada en unos años, “Juanitop, el hombre que lo dio todo por amor” o donde describo parte de aquella autobiografía que fue y es mi vida Mi madre se enorgullecía cada vez que algún amigo le decía que yo era muy bueno escribiendo y que así tenía el futuro solventado.
Mi padre, por el contrario, me veía como profesor de Lengua Española en una universidad, y jamás como escritor y mucho menos como lo que vino después: mi vocación irreductible de ser periodista. Ahí sigo, desde hace más de cuarenta años, con la “solitaria” de la escritura literaria cabalgando mis sueños y ahuyentando esa otra enfermedad que nunca padecí: “la seca”.
La otra noche, una noche cualquiera del mes de julio pasado, soñé que era joven y que sí, que estaba escribiendo en un diario de España, el ABC de Madrid, el mejor lugar donde se escribe el español del mundo entero. Sé que es un sueño, lo recuerdo bien,
 Deben de saber ustedes que yo duermo junto a mi mesa de noche, como todos ustedes, pero junto a esta mesa de noche hay una columna de libros que leo a la vez y que son, a la vez, libros de cabecera que hojeo con mucha frecuencia.
En la oscuridad, sentí el golpe en mis nalgas (así caí) y en el codo derecho, que todavía me duele. En esa misma oscuridad, el estrépito fue impresionante. Eran las tres de la mañana y yo me había despertado de mi sueño con un jaleo descomunal, los libros por los aires y la mesa de noche destrozada por la patada de mi pie izquierdo.
 Lo primero que hice fue reírme de mí mismo, sin encender la luz todavía, y al mismo tiempo agradecer al Gran Arquitecto que el golpe lo hubiera sido de broma. Podía haberme partido la cabeza o la cadera, como tantos escritores que, en un momento de su vida, cometen el error de creerse jóvenes, se suben de cualquier manera a la escalera de su biblioteca y se dan el golpe que, unos pocos años más tarde, se los lleva a la muerte.
Por suerte para mí, y por desgracia para mis enemigos, no me pasó nada. Lo cuento muerto de risa y como uno de esos ejemplos en los que la imaginación y el subconsciente se mezclan en el sueño para volver a vivir lo que en realidad nunca vivimos.
Si les cuento a ustedes la cantidad de señoras que porfiaron por haber sido novias mías en mis sueños, se quedarían asombrados de mi potencia viril, cosa que estoy lejos de tener en mi vida real, antes y ahora; antes, cuando podía exhibir, al menos de boquita, una virulencia vital capaz de engañar a cualquiera; y ahora, que ni siquiera soy capaz de ser quien era con la ayuda de la grúa del ayuntamiento.
Las cosas son así, el tiempo y los sueños parecen ser la misma cosa: la velocidad de la luz, que puede con todo. Pero yo quiero seguir soñando que soy muy joven, que he triunfado en el Caribe y que estuve a punto de ser internacional. Lo sueño incluso con el riesgo de caerme de la cama en una jugada difícil y partirme la cadera de una vez por todas, camino del final de la vida.


TEMPORADA CICLONICA

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- 
Diario El Caribe.-

SE INICIA TEMPORADA CICLONICA

La Oficina Nacional de Meteorología (Onamet), informó este viernes que el panorama meteorológico del territorio dominicano seguirá bajo la incidencia de una vaguada ubicada sobre el país y los efectos del viento  predominante del Este que aporta humedad a nuestra área, dando como resultado la ocurrencia  de aguaceros, tormentas eléctricas y aisladas ráfagas de viento hasta las primeras horas de la noche hacia las regiones noroeste, noreste, sureste, la cordillera  Central y la zona fronteriza.

Por otro lado, para mañana sábado y este domingo el patrón meteorológico del país permanecerá dominado por la vaguada mencionada anteriormente, la cual mantendrá las condiciones favorables para que se presenten precipitaciones con tronadas en gran parte del país, especialmente durante la tarde y noche.
Onamet mantiene el alerta meteorológico contra desbordamientos de ríos, arroyos y cañadas e inundaciones repentinas, así como deslizamientos de tierra para las provincias de Monseñor Nouel, La Vega, el Gran Santo Domingo, Monte Plata, Sánchez Ramírez, San Pedro de Macorís, Duarte y Hato Mayor.
La temporada ciclónica se inicia todo los años el 1ro. de junio y culmina el 30 de noviembre, se pronostica que durante la temporada ciclónica del 2003  podrían formarse 18 ciclones tropicales nombrados, de los cuales 9 alcanzarían la categoría de huracán, y de estos 4 serían intensos (o sea, categoría 3, 4 y 5 en la escala Saffir &Simpson).
Distrito Nacional nublado en ocasiones con aguaceros, tronadas y aisladas ráfagas de viento hasta las primeras horas de la noche.
Santo Domingo Norte incremento de la nubosidad en ocasiones con aguaceros, tronadas y aisladas ráfagas hasta las primeras horas de la noche.
Santo Domingo Oeste mayormente nublado con aguaceros dispersos y tronadas, disminuyendo en las primeras horas de la noche.
Santo Domingo Este nublado con aguaceros dispersos y aisladas tronadas, mejorando en la noche.
Para el gran Santo Domingo  temperaturas máximas  entre 30ºC y 31ºC y las mínimas entre 22ºC y 24ºC.
Juan Carlos Pérez

jueves, 26 de septiembre de 2013

DECIDI

Así después de esperar tanto, un día como cualquier otro, decidí triunfar.....

Decidí, no esperar a las oportunidades, sino yo mismo buscarlas.
Decidí, ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.
Decidí, ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.

Decidí, ver cada noche como un misterio a resolver.
Decidí, ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Anoche descubrí, que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en estas, está la única y mejor forma de superarnos.

Descubrí, que no era yo el mejor, y que quizás nunca lo fui.
Aprendí, que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.
Aprendí, que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo".
Descubrí, que el amor es más que un simple estado de enamoramiento.

Anoche, dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados, y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente.
Aprendí, que de nada sirve ser luz, si no vas a iluminar el camino de los demás.
Anoche decidí, cambiar tantas cosas..... 
Aprendí, que los sueños son solamente para hacerse realidad.

Desde anoche, ya no duermo para descansar..... Ahora simplemente duermo para soñar.

Juan Carlos Pérez

¿Conocerme?


Me dices por e-mail que quieres conocerme te leo, respiro, miro de nuevo, transpiro.
¿Conocerme? ¿Para qué?
Yo digo, si desde acá estoy  cómodo,
¿Para qué complicar esta
Amistad amiga?   ¿Para qué?

Esta noticia me ha dejado con un frío de muerte
¿Conocerme? “Un domingo en la tarde o si prefieres por la nochecita ”. Me propone un parque muy conocido mmmm.

Y yo pienso, ¿Para que quiero molestar a Dios esta en medio del parque, girando su gran cabezota, con ojos grandes mirando, ¿Qué quiere ver? me pregunto, ¿está curioso? ¿Quiere mirar mi cita?

De puro susto porque soy timidazo, se me va la voz me sube la fiebre, la gripe regresa, se me cae el moco. Ay Diosito lindo esta vez, siiiii la hice completa y ahora ¿Quién me salva?..... ¿Dónde me escondo?

EXAMEN DE LA PROSTATA


           JAJAJAJAJAJ
Eso mismo me pasó en una campaña médica que hicieron en República Dominicana.
Una mañana fui a la clínica móvil que había puesto un prestigioso centro médico al frente de mi negocio y la preocupación la mujer que tenía como compañera hizo que yo asistiera a las distintas especialidades que atendía.
Pasé Triaje, Consultorio General, Diabetes, Dental, Oftalmología, Reuma, Osteoporosis y llegué al de la Próstata y como la imagen, salió un moreno alto y grueso que amablemente me hizo pasar al cubículo para el reconocimiento respectivo, pero yo como hombre culto y a sabiendas que iba a perder "mi virginidad", le dije:
Doctor, a mi me gustaría conversar mas con usted sobre este asunto porque tengo mis dudas, así que deseo que me de su tarjeta para visitarlo en su consultorio de la Clínica para el referido examen. El, como dije, un moreno alto con apariencia a Pastor Evangélico, abriendo sus ojos y mirando a un posible cliente potencial para algún tratamiento de su especialidad, presurosamente sacó su talonario de recetas y escribió una dirección junto a la de la Clínica. (era su clínica privada)
Añadió que el tratamiento es corto y que tenía contactos con hospitales y clínicas para una posible intervención que “es lo más simple del mundo”.
Dentro de mí, saltaba hasta el techo porque había esquivado el examen del tacto de ese galeno que tenía unos dedos que parecían falos de un piajeno. Me tranquilicé cuando me entregó mi tarjeta con los controles de las demás especialidades y la suya también con una aclaración de que por falta de tiempo se obvió el procedimiento y que se traslada al suscrito para el día lunes de la semana siguiente a la clínica, para cumplir con el chequeo.
Ufff, Así, de esta manera me salvé de esa amarga experiencia, (que algunos hombre me contaron) y uno de ellos me confió que, siempre espera que llegué el siguiente examen para irse a hacer, porque el "gustito" le quedó y quiere repetiiiiiiiiiiiirlo.
Jajajajajajajajajaj Puede ser que me suceda eso mismo y yo no quieeeeeeeero…
Jajajajajajajajajaq
Un beso. Bye.
PD: A raíz de esta experiencia, me inscribí a un Seguro Médico particular y fue ahí donde me traté alguna posible dolencia, que fueron muy pocas. Jejejejejejej

A mi con deditos...
Juan Carlos Pérez

Elogio para la mujer brava



Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. 

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc.
En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. 
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. 
Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias). 
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema.
Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. 
Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos. 
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. 
Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. 
Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo. 
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso. 
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.   
¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!  

Oro por que mis 2 hijas sean de éste maravilloso grupo y encuentren hombres que sepan apreciar a esta clase de nuevas mujeres!!!
Juan Carlos Pérez