jueves, 27 de febrero de 2014

Lo que dice una mirada

Recuerdo que una profesora del colegio solía decir que los ojos son el espejo del alma. Mi abuela me repetía: “Mírame, quiero saber si dices la verdad” Algunas parejas se dicen: “Dímelo mirándome a los ojos” Y es que podremos ensayar un buen diálogo para tratar de convencer a quién queramos, pero si no somos honestos nuestra mirada nos delatará.
En la relación de pareja una mirada vale más que mil palabras. Puede convertirse en un cuchillo capaz de cortar tu respiración o  ablandarte el corazón si atraviesa la barrera de tu piel.
Hay miradas dulces, penetrantes, frías, apasionadas que arrancan expresiones como: “me quería comer con los ojos” o “por poco me mata con la mirada”
Cuando se empieza a flirtear la mirada se convierte en nuestras manos. Acarician el rostro, los labios, el cuerpo y todo lo que aún no se puede tocar de la persona que te gusta. A veces puedes sentir un placer anticipado cuando descubres que alguien te mira intensamente a los labios. Y es la magia y el poder de los ojos lo que hace que se te erice la piel.
Cuando le gustas a alguien su mirada será larga y profunda, querrá inconscientemente que sepas su secreto, y si correspondes a su deseo lo mirarás de igual manera entrando en una conexión emocional que dará lugar a un acercamiento.
En esta fase entra a tallar el lenguaje corporal. Cuando se gustan no se quitarán la mirada de encima. Y si él o ella inclina el cuerpo hacia ti, es que está súper interesado en lo que dices. Pero cuidado… porque esta fase de la conquista es muy delicada. Puedes decir o hacer algo que a la otra parte no le gusta y entonces querrá deshacerte de ti. Y nuevamente la mirada lo delatará. Desviará su atención hacia cualquier otro lugar, o no le quitará la vista al celular esperando una llamada que  lo libre de ti.
Entonces será el momento de levantarte con dignidad inventando una excusa y tratarás de analizar qué fue lo que frustró el acercamiento.
Pero para aquellos que sigan adelante irán descubriendo a lo largo de la relación que una mirada podrá calmar tu angustia, podrá encolerizarte o podrá llenarte de la más completa felicidad porque aún sin palabras, podrás descubrir en la mirada de tu pareja el amor que siente por ti.


martes, 25 de febrero de 2014

COMO ME GUSTABA

Me gustaba más cuando, de buenas a primeras, mandábamos todo al carajo y tomábamos un taxi para la agencia de viaje, a la menor contrariedad. Las responsabilidades, los jefes, las familias, las deudas, la leche o la pensión, la gripe aviar o la porcina, todo al carajo.
Llegábamos al mostrador de con lo que llevábamos puesto y comprábamos dos pasajes con rumbo a cualquier lugar, qué importaba, a cualquier destino para el que hubiera asiento disponible.
Nunca viajé tanto como contigo, nunca sentí esa urgencia de tener siempre saldo suficiente en la tarjeta, el tanque de gasolina y el de oxígeno siempre llenos.
Nunca leí tanto como en tus días, nunca escribí tanto. Leíamos los mismos libros al mismo tiempo, recitándolos, subrayándolos, compartiéndolos o arranchándonoslos como animales hambrientos. Rapeábamos, sentados frente al fuego, las letras de los cánticos de misa como si fueran un conjuro demoníaco: tú has venido a la orilla /_no has buscado ni a sabios ni a ricos_ / tan solo quieres que yo te siga. O también, por qué no, las de los valses criollos, a grito pelado: para que sepan todos / que tú me perteneces / con sangre de mis venas /_te marcaré la frente_.
Nunca bailé tanto, canción tras canción tras canción, como un aborigen enloquecido, empañando todos los espejos, tropezando con todo y con todos, aullando, gruñendo, maullando, ronroneando, bañado en sudor propio y ajeno. Canción tras canción tras canción. Nunca me reí tanto como contigo, conchetumadre. Las cojudeces más pequeñas desencadenaban las más grandes carcajadas. Y ni siquiera fumábamos. Vivíamos a grandes sorbos, como quien se come un helado que se derrite en el verano, como si alguien nos estuviera persiguiendo, como si la batería se nos fuera a terminar, con una desesperación lujuriosa y vulgar, con la intensidad de dos enfermos terminales.
Nunca he vivido tanto y nunca he escrito tanto, en consecuencia. He escrito sobre desastres naturales y tragedias íntimas, sobre epidemias, fiebres y modas, sobre estados de ánimo y fraudes electorales. Sobre parientes muy cercanos y civilizaciones muy lejanas. Sobre congresistas y descuartizadores, fletes, poetas y copetineras, Pero sobre nadie he escrito más que sobre ti.
Me gustaba más cuando hablábamos hasta quedarnos dormidos. Cuando la última conversación del día ingresaba en esa fase morosa en que las frases soñolientas comienzan a hacerse balbuceantes, esporádicas, absurdas. Esa dulce modorra en la que, a una pregunta cualquiera –¿_ya te dormiste_?– sigue el silencio y después, el sereno, monótono ritmo de tu respiración y luego, de pronto, alguna oración sobresaltada e idiota –¡_El barco se va sin nosotros_!– procedente de la ignota región de lo no soñado, de aquello que estábamos a punto de soñar.


LA VECINA

Tendría como 17 años y Juanitop estaba en todo la época donde se titula, “El despertad de la juventud”. Sus amigos, los de los edificio contiguo ya tenía sus enamoradas y salían agarraditos de las manos. Algunos tenían consentimiento de los padres, mientras que otros se veían a escondidas y estos eran los que mas se divertían en los jardines y detrás de los árboles.
Él no quería perder el tiempo en cosas de mujeres, se defendía y siempre se ocupaba en con algún deporte y hasta ya había aprendido a jugar naipes, el consabido 7 y medio o el “golpeado con siete cartas, formando dos grupos con un enchufe”. Tenía una especie de sortilegio porque sus amigos le temían porque casi siempre ganaba.
Además en el barrio contiguo se había formado un grupo musical que logró fama entre las bandas de aquel tiempo. “The Telegrafh” era el conjunto musical que reunía a seis muchachos de la misma edad y eran muy unidos con él. Los acompañaba para todo lugar donde tocarán.
Una noche cuando estaban tocando el referido conjunto y Juanitop se encontraba sentado debajo del proscenio escuchando tocar, se percata que entre las sombras un par de ojos lo estaban observando y se incomodó porque lo habían descubierto sentado, mientras que los demás estaban bailando al son del rock,
Instintivamente se levantó y se puso a buscar al dueño de esa mirada y caminado entes la gente que bailaba efusivamente descubrió sorprendido que no era él, sino ella, la propietaria de esos lindos ojos. Eran de su vecina del barrio y resuelto le dijo: qué haces acá?.
Estoy con mi hermano, él me ha traído un rato para divertirme, pero me siento desubicada, le respondió su vecina y estuvieron conversando y riéndose por largo rato hasta que en un momento sucedió algo inusitado, Juanitop la tomó de los brazos y dándose valor la atrajo hacia su pecho y le dio un beso.
Ella no reclamó nada, simplemente busco mayor refugio en el pecho de Juanitop, y desde ese momento sus vidas se unieron de manera oculta y desapercibida. Nadie se dio por enterado el amorío de esta joven pareja.
Los días posteriores fueron los mejores para Juanitop que la buscaba y espiaba desde su ventana cuando ella salía a comprar algo. Sus padres eran unos señores malhumorados que controlaban los movimientos de sus hijos. No importaba ser varón o ser mujercita, hay que cuidar a los niños, decían.
Los besos apasionados, las caricias amorosas y las miradas penetrantes eran el lenguaje que los dos chicos enamorados se daban rápidamente cuando se encontraban en las escaleras, en los pasadizos de los jardines y hasta detrás de los autos estacionados. Todo por que sus padres de la vecina no le daban permiso para el cine o para el circo que es ese tiempo estaba de visita por la capital.
Hasta que un día, los vecinos se ponen de acuerdo para ir a la playa y contratan un ómnibus, que los recoja después de medio día con el compromiso de que lo devuelvan a las 6 de la tarde. Y los padres de Juanitop se apuntan y los padres de la vecina también, Juanitop era el chico mas feliz de la tierra.
Llega el día fijado y el ómnibus llega a la hora en punto y espera que todos los apuntados suban al vehículo para enrumbar a la Playa. Familias enteras del barrio apuran el paso para separar los mejores sitios y gozar de una trayecto placentero y fresco. Todos estaban a bordo Juanitop y sus amigos en el fondo haciendo chacota.
Les llaman la atención y los amenazan con dejarlos en la calle si continúan con el griterío y se callan, hasta estar cerca del malecón del circuito de playas. Las miradas entre los dos jóvenes enamorados se intercambian entre momento y momento porque no querían que nadie descubriera su pecado de juventud.
El bus se detiene y todos se levantan para ser los primeros en bajar y gozar un minuto mas de la liberad que da la brisa del mar y el agua de la playa. Los últimos de bajar son Juanitop y la vecina y mientras que se dan un beso veloz como el aletear de un picaflor, cargan los últimos bultos de cada familia.
Acuerdan encontrase en las peñas, le dicen que vana a buscar unas lapas, que están pegadas en las piedras que rompen las olas y que son muy valiosas en algunas casa para la comida. Se van hacia sus papás y cada uno integra a los ritos propios, sin dejarse de mirar de lejos.
Las rocas que fungen de rompeolas, están cerca de donde han levantado carpas y pidiendo permiso ella se va con unas amiguitas agarradas de la mano, para que “no se pierdan”, dicen las voces burlonas, que sospechan a donde irán y para qué. Sube a lo alto y mira que su amado lo espera.
Se abrazan tiernamente y se prodigan muchas promesas, las cuales con el tiempo, el viento se las llevara lejos. Cada uno a cientos de kilómetros separados, mientras que él se encuentra en una isla caribeña, ella ha emigrado al gran país del norte, ayudado por su hermana mayor y su cuñado. Ha viajado con sus hijas.
Juanitop no podría olvidar ese día, esa tarde, esa roca enclavada entre la arena u el mar y que sirvió de mudo testigo fiel, el cual nunca divulgó los entretelones de un amor de verano en la vida de nuestro amigo.


viernes, 21 de febrero de 2014

ESO ES VIVIR DE NIÑO

Me acuerdo que, cuando no existían los videojuegos, los niños jugábamos con otros niños.
Me acuerdo que jugábamos en la calle todo el día, a 7 pecados, a matagente, a las escondidas, a volar cometa, a bailar trompo, a saltar mundo, a kanga, al yo-yo, al taca-taca, a las estatuas, al cartero, a ritmo-diga-usté, a la pega inmóvil, a 1-2-3 chocolate stop, a que pase el rey… y todo nos lo regíamos al fumanchú, al zapatito roto o al yankempó.
Me acuerdo que mi abuela Zoila hervía las sábanas para blanquearlas: las metía en una palangana llena de agua, jabón Bolívar cortado en tajadas cual si fuera queso y varios muñequitos de azul –antiguas y misteriosas pastillas limpiadoras– que se fundían en esta sopa fantástica que permanecía borboteando en la cocina, perfumando la casa por horas y horas.
Me acuerdo de las multicolores revistas japonesas de Ultrasiete y Ultramán, había que ir a comprarlas hasta el jirón Paruro, tenían la carátula al final y se leían de atrás para adelante, aunque lo cierto es que no se leían nada porque estaban en japonés.
Me acuerdo que, en el terremoto de 1974, el auto Datsun de mi tío Lucho se salió solito del garaje, embistió contra la puerta, la abrió de par en par y acabó en el medio de la pista, no sin antes derribar la carretilla de un pobre platanero que pasaba por ahí.
Me acuerdo de los saqueos en las tiendas del centro de Lima durante la huelga policial de 1975, los disturbios, los gases lacrimógenos, las balaceras… que no hubiera policías cuidándonos en las calles, parecía el inicio del fin del mundo.
Me acuerdo de mis viejos patines graduables, con correítas y sin frenos que se adosaban a la suela del zapato mediante uñitas metálicas y que, en vez de ruedas, tenían unas ruidosas garruchas de fierro.
Me acuerdo que los programas concurso de Kiko Ledgard paralizaban a todo el país y que todos nos entristecimos cuando, durante una conferencia de prensa a su regreso triunfal de España, sufrió aquella aparatosa, terrible caída desde una baranda del Country a la que había trepado intentando hacer otra de sus acostumbradas piruetas para las cámaras.
Me acuerdo que, si por alguna emergencia, tenías que salir a la calle más allá de las 10 de la noche, después del toque de queda, debías manejar a 30 kilómetros por hora, dejar las luces interiores del auto encendidas y llevar una bandera blanca flameando en alguna de las ventanas…para evitar que las fuerzas del orden te acribillaran.
Me acuerdo de La Herradura con sus carpas a rayas, de la radio playera que no era otra cosa que un solitario locutor al que se le oía por los altoparlantes anunciando la hora Inca Kola, de esos helados que venían dentro de una pelotita de fútbol y de los marcianos D’onofrio que los creativos de la época habían bautizado como Chu-p-t para que la gente leyera “chupete” pero todo el mundo leía chup. Señor, ¿Me da un chup?
Me acuerdo de Tamakún, el árabe enturbantado y de punta en blanco que cada semana llegaba a los quioscos, desde México, con sus alucinantes aventuras en blanco y negro. “Donde el dolor desgarre. Donde la miseria oprima. Donde el peligro amenace… ¡Allí estará Tamakún, el vengador errante!”
Me acuerdo del Super Leche, del Chocomel, del chocolate Juguete de Motta, del Alí Babá relleno de marshmallow, de la canchita dulce de Laurel, del chicle Túmix, del 2 en 1 de plátano, del Sour de manzana verde, del chicle Bomba, del freshen-up con corazón líquido y del Mix Soda de corazón efervescente, del té Toro y del té Sabú, del Café Don Lucho, de la Thimolina Leonard, de la Maravilla Curativa, del jabón sulfuroso del Doctor Kaufmann, de las galletas Short Cake, de las Rancheritas, las Criollitas y las Loncheritas, y muy especialmente, del chocolate Golazo con arroz crocante que traía dentro figuritas coleccionables con los goles mundialistas de J.J. Muñante.
Me acuerdo de la Masacre del Sexto de 1984. El Loco Pilatos acuchillando la pierna de un rehén que intentaba escapar o prendiéndole fuego a otro con kerosene, y todo eso, transmitido durante horas y horas, horror en vivo y en directo y en cadena nacional.
Me acuerdo de los atroces zapatos Teddy de Diamante, de las loncheras Aladdin de hojalata que nos servían también como armas contundentes, de las zapatillas North Star, de los buzos Buzzolas, de los cuadernos doble raya, del paño lenci, del papel bulky, de las tijeras punta roma, del jean book y del borrador de papa.
Me acuerdo que, en todos los parabrisas de los carros, había que pegar esas redondas calcomanías de “Ahorro es Progreso”, cándido invento velasquista que pretendía racionar el consumo de gasolina. Lunes y miércoles no circular (roja) Martes y Jueves no circular (blanca) y sábado y domingo no circular (azul). Los grandes atolladeros eran los viernes porque todos circulaban.
Me acuerdo que íbamos a ver los partidos del Mundial Argentina 78 a la casa del único vecino de la cuadra que tenía un Sony Trinitrón, el primer TV a color. Cada familia llevaba algo para comer y después salíamos a hacer caravana en todos los carros –y hasta en taxis– con banderas y vinchas y matracas gritando ¡Perú, Perú! como locos por toda la avenida Arequipa cada vez que Perú ganaba. Deben creerme: Perú ganaba.
Me acuerdo de todos los dulces hechos en casa que vendía la vieja bodega de la esquina: el chumbeque, el camotillo, el cocoliche, el arrocillo, el chifón, la torta helada, el machacado de membrillo, el zanguito, la cocada, la leche vinagre, la leche asada…
Me acuerdo de la Tortuga D’Artagnan, de Leoncio El León y Tristón, de Astroboy, de La Hormiga Atómica, de Fabulmán y Dinamita, de Meteoro con su pantalón blanco bien al cuete, su pañuelito rojo al cuello y sus enormes pestañas rizadas y de “Los 3 Espaciales” y su entrañable canción: Tres seres del espacio/llegaron a cumplir una misión/tomaron la forma de un caballo/un conejito/y un patito.
Me acuerdo de mi papá dormitando ovillado en el sillón, de madrugada, mientras en la radiola resonaba la atronadora voz de don Juan Ramírez Lazo: “¡Nos preocupa!” en Radio Cora o ese tic-tac exasperante –de bomba de tiempo– que caracterizaba a Radio Reloj, estresante estación que te daba la hora, minuto a minuto: Las tres y cinco, las tres y seis, las tres y siete… como queriendo machacarte, en el cerebro, la cadencia inexorable de la vida.


martes, 1 de octubre de 2013

OTRA VEZ SUEÑO…

Sueño mucho. Sueño todo el tiempo que duermo. Y duermo mucho. Sueño que soy muy joven, que camino junto a muchachas bellas junto a las que nunca caminé; sueño con amores que nunca tuve, con bellas actrices de Holliwood, se llevan a cabo en mi adolescencia: lo sueño y lo siento, en esta primera vejentud que me acucia y gozo. Sueño con rompecabezas eróticos que nunca viví y con otras apetencias que tuve pero que nunca pude realizar. Uno de esos sueños míos, de mi juventud y de esta primera vejentud, es que soy -por fin- un hombre profesional de las comunicaciones.
Deben saber que, en verdad, durante los años de mi juventud, llegué a escribir en algunas publicaciones de la Gran Unidad Escolar en donde estudiaba la secundaria, que servía para conocer un poco lo que se hacía ahí. De esa época vienen mis actuales sueños adolescentes. De esos sueños vino la escritura de mi “libro”, que será publicada en unos años, “Juanitop, el hombre que lo dio todo por amor” o donde describo parte de aquella autobiografía que fue y es mi vida Mi madre se enorgullecía cada vez que algún amigo le decía que yo era muy bueno escribiendo y que así tenía el futuro solventado.
Mi padre, por el contrario, me veía como profesor de Lengua Española en una universidad, y jamás como escritor y mucho menos como lo que vino después: mi vocación irreductible de ser periodista. Ahí sigo, desde hace más de cuarenta años, con la “solitaria” de la escritura literaria cabalgando mis sueños y ahuyentando esa otra enfermedad que nunca padecí: “la seca”.
La otra noche, una noche cualquiera del mes de julio pasado, soñé que era joven y que sí, que estaba escribiendo en un diario de España, el ABC de Madrid, el mejor lugar donde se escribe el español del mundo entero. Sé que es un sueño, lo recuerdo bien,
 Deben de saber ustedes que yo duermo junto a mi mesa de noche, como todos ustedes, pero junto a esta mesa de noche hay una columna de libros que leo a la vez y que son, a la vez, libros de cabecera que hojeo con mucha frecuencia.
En la oscuridad, sentí el golpe en mis nalgas (así caí) y en el codo derecho, que todavía me duele. En esa misma oscuridad, el estrépito fue impresionante. Eran las tres de la mañana y yo me había despertado de mi sueño con un jaleo descomunal, los libros por los aires y la mesa de noche destrozada por la patada de mi pie izquierdo.
 Lo primero que hice fue reírme de mí mismo, sin encender la luz todavía, y al mismo tiempo agradecer al Gran Arquitecto que el golpe lo hubiera sido de broma. Podía haberme partido la cabeza o la cadera, como tantos escritores que, en un momento de su vida, cometen el error de creerse jóvenes, se suben de cualquier manera a la escalera de su biblioteca y se dan el golpe que, unos pocos años más tarde, se los lleva a la muerte.
Por suerte para mí, y por desgracia para mis enemigos, no me pasó nada. Lo cuento muerto de risa y como uno de esos ejemplos en los que la imaginación y el subconsciente se mezclan en el sueño para volver a vivir lo que en realidad nunca vivimos.
Si les cuento a ustedes la cantidad de señoras que porfiaron por haber sido novias mías en mis sueños, se quedarían asombrados de mi potencia viril, cosa que estoy lejos de tener en mi vida real, antes y ahora; antes, cuando podía exhibir, al menos de boquita, una virulencia vital capaz de engañar a cualquiera; y ahora, que ni siquiera soy capaz de ser quien era con la ayuda de la grúa del ayuntamiento.
Las cosas son así, el tiempo y los sueños parecen ser la misma cosa: la velocidad de la luz, que puede con todo. Pero yo quiero seguir soñando que soy muy joven, que he triunfado en el Caribe y que estuve a punto de ser internacional. Lo sueño incluso con el riesgo de caerme de la cama en una jugada difícil y partirme la cadera de una vez por todas, camino del final de la vida.


TEMPORADA CICLONICA

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- 
Diario El Caribe.-

SE INICIA TEMPORADA CICLONICA

La Oficina Nacional de Meteorología (Onamet), informó este viernes que el panorama meteorológico del territorio dominicano seguirá bajo la incidencia de una vaguada ubicada sobre el país y los efectos del viento  predominante del Este que aporta humedad a nuestra área, dando como resultado la ocurrencia  de aguaceros, tormentas eléctricas y aisladas ráfagas de viento hasta las primeras horas de la noche hacia las regiones noroeste, noreste, sureste, la cordillera  Central y la zona fronteriza.

Por otro lado, para mañana sábado y este domingo el patrón meteorológico del país permanecerá dominado por la vaguada mencionada anteriormente, la cual mantendrá las condiciones favorables para que se presenten precipitaciones con tronadas en gran parte del país, especialmente durante la tarde y noche.
Onamet mantiene el alerta meteorológico contra desbordamientos de ríos, arroyos y cañadas e inundaciones repentinas, así como deslizamientos de tierra para las provincias de Monseñor Nouel, La Vega, el Gran Santo Domingo, Monte Plata, Sánchez Ramírez, San Pedro de Macorís, Duarte y Hato Mayor.
La temporada ciclónica se inicia todo los años el 1ro. de junio y culmina el 30 de noviembre, se pronostica que durante la temporada ciclónica del 2003  podrían formarse 18 ciclones tropicales nombrados, de los cuales 9 alcanzarían la categoría de huracán, y de estos 4 serían intensos (o sea, categoría 3, 4 y 5 en la escala Saffir &Simpson).
Distrito Nacional nublado en ocasiones con aguaceros, tronadas y aisladas ráfagas de viento hasta las primeras horas de la noche.
Santo Domingo Norte incremento de la nubosidad en ocasiones con aguaceros, tronadas y aisladas ráfagas hasta las primeras horas de la noche.
Santo Domingo Oeste mayormente nublado con aguaceros dispersos y tronadas, disminuyendo en las primeras horas de la noche.
Santo Domingo Este nublado con aguaceros dispersos y aisladas tronadas, mejorando en la noche.
Para el gran Santo Domingo  temperaturas máximas  entre 30ºC y 31ºC y las mínimas entre 22ºC y 24ºC.
Juan Carlos Pérez

jueves, 26 de septiembre de 2013

DECIDI

Así después de esperar tanto, un día como cualquier otro, decidí triunfar.....

Decidí, no esperar a las oportunidades, sino yo mismo buscarlas.
Decidí, ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.
Decidí, ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.

Decidí, ver cada noche como un misterio a resolver.
Decidí, ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Anoche descubrí, que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en estas, está la única y mejor forma de superarnos.

Descubrí, que no era yo el mejor, y que quizás nunca lo fui.
Aprendí, que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.
Aprendí, que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo".
Descubrí, que el amor es más que un simple estado de enamoramiento.

Anoche, dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados, y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente.
Aprendí, que de nada sirve ser luz, si no vas a iluminar el camino de los demás.
Anoche decidí, cambiar tantas cosas..... 
Aprendí, que los sueños son solamente para hacerse realidad.

Desde anoche, ya no duermo para descansar..... Ahora simplemente duermo para soñar.

Juan Carlos Pérez